martes, 9 de febrero de 2010

El Capitalismo de Martín Lutero y Juan Calvino

Martín Lutero se transformó en el representante del descontento de muchos cristianos con
la ambiciosa y opulenta Roma. Especialmente, los de los pueblos del Norte. El duro carácter de los habitantes de esta región se había forjado con las inclemencias de un clima nada amigable. Mucho frío, mucha lluvia y muy poco sol. Una idiosincrasia austera y esforzada, opuesta a la de los pueblos latinos del Sur, que gozaban de las nuevas riquezas y del espíritu festivo del Renacimiento cantando y danzando al aire libre.

A los dos meses, toda Europa debatía los ya famosos 95 postulados. En 1520, Lutero fue excomulgado por el Papa y, afirmando su rebeldía, rompió frente a una multitud de seguidores la bula papal. Después tradujo la Biblia al alemán para que todo el pueblo pudiera leer de primera mano el mensaje de Dios. La Reforma ya no tendría marcha atrás. A pesar de tener su propia versión de la protesta, el francés Juan Calvino (1509-1564) se sumó a la nueva corriente de pensamiento y ayudó a consolidarla.

No se trataba de alejarse de Dios, sino de volver a él. Recuperando los principios cristianos de una vida frugal, consagrados al trabajo y al esfuerzo y demostrando que con el sudor de la frente, los hombres serían dignos de la misericordia divina. Para Calvino "un hombre que no quiere trabajar no tiene derecho a comer". La riqueza que emergiera del esfuerzo y el ahorro no sería ya una ofensa para Dios, sino todo lo contrario: una manera de honrarlo.

Había nacido la ética que daría origen a los fundamentos del capitalismo y que se expandiría rápidamente por Suecia, Dinamarca y los Países Bajos. Tomó forma definitiva durante el reinado de Isabel I, en Inglaterra. Estos valores serían transferidos "genéticamente" a los Estados Unidos. Serían los motores del más extraordinario progreso en la historia. Dieron al mundo su fisonomía actual.

Aquellos valores que supieron forjar Lutero y Calvino, al combinarse con la intelectualidad de la Ilustración y con las herramientas de la Revolución Industrial dieron forma a una visión común ?la modernidad? que imperó durante prácticamente 200 años, de mediados del siglo XVIII a mediados del siglo XX. Ese paradigma fue capaz de producir y construir un mundo nuevo. Pero traía, en su dogmatismo inflexible y en su ambición de conquista, el germen de la destrucción. Tras la decepción de las dos guerras mundiales, sus ideales fueron seriamente jaqueados.



Durkheim y el Ritual Religioso

Durkheim se concentró particularmente en la religión en sociedades pequeñas, tradicionales (Las formas elementales de la vida religiosa). No conecta primariamente la religión con las desigualdades sociales o con el poder, sino con la naturaleza global de las instituciones de una sociedad. Basó su obra en un estudio del totemismo tal como es practicado por las sociedades aborígenes australianas, y sostuvo que el totemismo representa la religión en su forma más "elemental" o simple.

Un tótem era originalmente un animal o planta al que un grupo otorgaba u un significado simbólico particular. Es un objeto sagrado. Durkheim define la religión en términos de una distinción entre lo sagrad
o y lo profano. Los objetos y símbolos sagrados, sostiene, se tratan como separados de los aspectos rutinarios de la existencia, el ámbito de lo profano.
¿Por qué es sagrado el tótem? Porque simboliza al propio grupo o comunidad; representa sus valores esenciales. La reverencia hacia el tótem se deriva en realidad del respeto por los valores sociales esenciales. En religión, el objeto de adoración es en realidad la propia sociedad.
Durkheim enfatiza con energía el hecho de que la religión nunca es una simple cuestión de creencia. Todas implican actividades ceremoniales y rituales regulares, en las que se reúnen un grupo de creyentes. En los ceremoniales colectivos se afirma y realza el sentido de la solidaridad del grupo.
La ceremonia y el ritual, según Durkheim, son esenciales para vincular a los miembros de los grupos. Ésta es la razón de que no sólo se encuentre en situaciones regulares de culto, sino también en las diversas crisis vitales que suponen transiciones sociales fundamentales, como, p.e., el nacimiento, el matrimonio y la muerte. Los ceremoniales colectivos reafirman la solidaridad del grupo en un momento en el que las personas se ven forzadas a ajustarse a los cambios principales de su vida. Los rituales funerarios demuestran que los valores del grupo sobreviven a la desaparición de determinados individuos.


Con el desarrollo de las sociedades modernas, cree Durkheim, la influencia de la religión se va desvaneciendo. El pensamiento científico sustituye progresivamente a la explicación religiosa, y las actividades ceremoniales y rituales llegan a ocupar sólo una pequeña parte de la vida de los individuos. Durkheim está de acuerdo con Marx en que la religión tradicional está al borde de la desaparición. "Los viejos dioses -dice- están muertos". Sin embargo, afirma que hay un sentido en el que es probable que continúe la religión de forma modificada, a través de nuevos rituales que reafirman sus valores. Durkheim es vago acerca de cuáles puedan ser, pero parece que tenía en mente la celebración de valores humanísticos y políticos totales como la libertad, la igualdad y la cooperación social. Podría sostenerse que la mayoría de los países industrializados han fomentado efectivamente las religiones civiles (con símbolos como las banderas, canciones e himnos, y rituales como coronaciones, etc.).